Frenar
En marzo de 2020 teníamos un supuesto sobre el tiempo de los niños y, de golpe, ningún niño en ninguna aula. Los colegios con los que trabajábamos desde hacía años —los que compraban los libros de mi familia, los que habían empezado a usar nuestro sistema de gestión— necesitaban algo mucho más urgente que redefinir la educación: necesitaban que la escuela siguiera existiendo el lunes.
Así que frenamos. No fue una decisión estratégica elegante; fue la única decisión posible. Todo el equipo, toda la energía, todo el dinero fueron a e-school, el sistema que ya teníamos, para que sirviera para lo que no se había diseñado: clases a distancia, matrícula sin ventanilla, pagos sin cola, comunicación con las familias sin reunión de padres. Modelos híbridos, se llamó después. Entonces se llamaba llegar al lunes.
Experiencias, el producto que iba a encarnar el supuesto, se quedó en el cajón. Dos años.
Tardé en ver lo que ahora me parece evidente: que el supuesto se estaba cumpliendo con nosotros. Todos somos capaces de construir lo que creemos, pero no todos al mismo tiempo. El proyecto necesitaba más tiempo del que el calendario le daba, y el calendario —la pandemia, el mercado, la caja— no esperaba. Si hubiéramos tenido un reloj que solo marcaba trimestres, Experiencias habría sido el proyecto que no llegó.
No lo fue, y no por mí. Fue porque el equipo siguió creyendo mientras yo estaba ocupado en mantener el lunes. Cuando en 2022 pudimos volver al cajón, la idea seguía intacta y las personas también. Eso es lo que hace un equipo que cree en un supuesto: lo sostiene cuando el fundador no puede.